-- Pintores Asturianos: Hugo Fontela

3/1/17

Hugo Fontela




Hugo Fontela nacio en Grado (Principado de Asturias, España) en 1986. Su formación pictórica estuvo en sus inicios vinculada a la Escuela de Artes y Oficios de Avilés, donde aprende a pintar de una forma académica, y a la Escuela de Arte de Oviedo, donde prepara su ingreso en Bellas Artes, aunque finalmente decide no hacerlo, para trasladarse a vivir a Nueva York con 18 años. Allí amplia sus estudios en The Arts Students League, e instala su estudio-taller.


En 2005 recibe en España el XX Premio BMW de Pintura, que le entrega S.M. La Reina, y en 2007 el Premio al mejor artista de la Feria de Arte Grafico ESTAMPA, concedido por la Asociación de Críticos de Madrid.En el año 2006 participa junto a Juan Hidalgo, como artista invitado a la XVIII Bienal de Pintura de Zamora. En el 2011 el Museo de la Abadía de Montserrat, en Barcelona, organiza una amplia muestra de sus trabajos realizados en América, que es inaugurada por los Príncipes de Asturias. Ese mismo año, fruto de dos estancias en Río de Janeiro junto a Oscar Niemeyer (2009 y 2011), realiza la muestra Niemeyer by Fontela, en el centro proyectado por el propio arquitecto en Avilés. Desde el año 2005 vive y trabaja en Manhattan.


Consideraciones al borde
[En torno a la pintura obsesiva de Hugo Fontela]. Fernando Castro Flórez
“Este intuir lo verdaderamente infinito en lo infinito de la naturaleza es la poesía, que puede ejercitar el hombre en general; pues, para el que intuye, lo relativamente grande en la naturaleza se convierte en sublime cuando lo hace símbolo de la grandiosidad absoluta”
.Desde la Ilustración y el romanticismo hasta la actualidad, la estética plantea, una y otra vez, la cuestión de la relación entre arte y naturaleza, aunque ahora de forma polémica:
en última instancia, la apelación a la naturaleza se ha llegado a convertir en una impugnación de la modernidad, como concluye Clement Rosset en su ensayo significativamente
titulado La anti-naturaleza. Elementos para una filosofía trágica. No cabe duda de que el desierto que nos corresponde es el del nihilismo, ese territorio sombrío o encrucijada en
el que no es posible encontrar cobijo. Tal vez la honra del pensamiento se encuentre en esa estética y ética de la negatividad que desde Nietzsche hasta Adorno adquiere la forma
más intensa. Nuestra cultura desgarrada se corresponde a un ser que es frontera, el límite impreciso en el que, según Mallarmé, deberían arrojarse los dados: la verdad resplandece
en lo simbólico. Las propuestas del primer sistema del idealismo alemán, su reclamar una mitología simbólica, resuenan como una memoria que resiste en el naufragio.
Eugenio Trías afirma que, hoy por hoy, el gran arte y la gran filosofía sólo pueden producirse en el seno de una pertinaz travesía del desierto, donde más allá de los espejismos se
anuncia un espacio insospechado. Por esta vía se tiende a una especie de microfísica del arte; todas las arte, en este sentido, se orientan hacia su límite con la expresa voluntad de
traspasarlo: “el gran arte exhibe su contradicción inmanente: se alza sin nostalgia hasta lo sagrado, a la vez que expresa la tendencia ilustrada relativa a la radical clarificación de su
ámbito o dominio. Cuando se da esta exposición de la contradicción insoluble, entonces el arte cumple con la doble exigencia de adecuarse al tiempo histórico (modernidad en
otoño) y de alzarse hasta el límite (de lo sagrado y secreto)”
. El sentimiento que goza
con lo irregular y lo desordenado de la naturaleza tiene afinidades simpáticas con el espíritu del nominalismo. Puede que la belleza natural no sea otra cosa que el mito transpuesto
a la imaginación y por ello, en nuestra época, desgastado: “Todo el mundo cree bello el canto de los pájaros; nadie que tenga sentimientos, nadie en quien viva algo de la
tradición europea, ha dejado de impresionarse por el canto de un mirlo tras la lluvia. Y, sin embargo, hay algo terrible en el canto de los pájaros, porque no es tal canto, sino la
obediencia a la maldición que los aprisiona. También son terribles sus migraciones, signos de las antiguas profecías y signos de desgracia. La ambigüedad de la belleza natural
tiene su génesis en la ambigüedad de los mitos”


. HUGO FONTELA, PINTOR EN NUEVA YORK
Texto de Gabino Busto Hevia

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HUGO FONTELA EXPONE POR PRIMERA VEZ EN MÉXICO

La Galería Hispánica Contemporánea, ubicada en la colonia Roma, exhibe por primera vez en México la obra del joven pintor asturiano Hugo Fontela.

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